NANO NUÑEZ

Administrador Mayo 28, 2012 Leyendas No hay comentarios en NANO NUÑEZ

Hernán Raúl Núñez Oyarce, fundador -junto al Baucha, el Perico y el Mesías- del mítico grupo cuequero Los Chileneros.

Nació el 4 de Julio de 1914, aunque en sus documentos figura el 7 de septiembre. Sus padres alteraron la fecha de nacimiento para no contrariar al señor cura, que consideraba impropio bautizar ni–os ya creciditos. El sexto de los siete hijos de Rosamel Núñez y Delia Oyarce. Su primer hogar fue el Pasaje 6, que unía la calle Ecuador con la Alameda de las Delicias, a pasos de la Estación Central. Posteriormente, la familia se mudó a la calle Toro Mazote, en el vecino barrio Pila del Ganso. Ahí creció Nanito, frente al conventillo El Diablo. Que aún existe, pero según cuenta, hoy es un cité medio pichiruche, ya no es el vibrante conventillo de tamboreo y huifa, donde vió y escuchó a esos primeros cantores bravos.

Entre guapezas y requiebros amorosos, entre duelos a cuchillo, o con pañuelo, aprendió que la cueca pod’a tener el valor de la vida. Así, su propia vida es una cueca de varias patitas, no sólo en los versos maravillosos que ha escrito, sino en hechos, actitudes, en el ritmo vital que envuelve su modo de ver las cosas.

La cueca de Núñez es una de las expresiones más genuinas y puras de nuestras tradiciones urbanas, en ella confluye la esencia de la chingana.

Su cueca (chilenera, brava, chinganera, urbana) recrea el lenguaje de los bajos fondos, el “coa”, tiene la picardía y el escepticismo del “choro”, el modo de ver la vida de quien ha tomado distancia de ciertas normas y valores sociales. No es conciliatoria, no busca ser aceptada por los estratos ilustrados.

Nano confiesa que le tomó su tiempo meterse con buenos “lotes” para integrar una “rueda de cuequeros”. De a poco, tamboreando en una mesa, en una silla, en un tarro, tocando cauteloso el pandero, escuchando mucho, con inteligencia y picardía, se iba forjando el cuequero chilenero antes de entrar a la rueda. Había que aprenderse versos por cientos, y conocer buenos fraseos melódicos para arrancar “en primera”. El lucimiento en materia melódica, tanto como un buen sentido rítmico, son cualidades muy respetables. Pero sin duda que tener un buen “pito” es fundamental, lo que no siempre significa solamente volumen de voz, sino también un timbre apropiado. Esa calidad timbrística don Hernán la asocia al pregón, el grito del vendedor callejero, el feriano, el veguino, que se curte ofreciendo sus productos a viva voz en la calle.

Nano falleció el 5 de diciembre de 2005 y fue velado por por sus amigos y seguidores tres días y dos noches.

Con grupo Aparcoa

Extractos de una conversación sostenida con Nano Núñez en 1995

Las picadas: ¿Qué es una picá? Picá es una casa donde había mujeres …que les gustaba la cueca, algunas tocaban la guitarra , cantaban, y las vecinitas por ahí venían… no ve que llegaba gallada, y había trago, y había asado, y el hombre iba a comprar, no ve que el hombre va a comprar cuando está de lacho. Mire, por lo general… la picá clásica era la de los conventillos. Entraba uno y le servían un poquito de vino… El Cairo era una picá que sobresalía. La dueña pololeaba con un jefe de la pesca… Llegaban los cachureros, los afuerinos, los pillingajos. Ahí no había música. Había prosenio, un piano, habían panderos, así que llegaban, iban a comprar un chuico y se juntaban todos: el Cojo Perico, el Mario (Catalán), el Nene, y ahí es donde se veía la cosa buena. La necesidad hizo mucho, porque siempre ahí estaba el pedazo de carne y qué sé yo… Cuando yo era cabro chico vivía frente al conventillo El Diablo… Ahora está como sité, pero es bien pichiruche. ¡Las tomateras que se armaban! siempre habían acordeones a botones y cuestiones así. Había gente que cantaba bien… don Domingo Briceño…, tenía carretones de golpe, tan señorial, bacán se puede decir. Entonces yo vivía las cuecas. Una señora Manuela tocaba el arpa. Habían otros por ahí, el Urbano me acuerdo, que cantaba en un tarro.

A mí me gustaban las de cuecas de al frente (del Convenillo El Diablo), porque eran más achoriflaitadas. La señora Aurora tenía dos hijas, una tocaba el arpa y la otra tocaba la guitarra y era media tartamuda. Los hijos eran cargadores en la Estación. Entonces un gallo caía parado ahí, con la iñora… de a poco… y después venía otro, y también lo mismo. Entonces de ahí empezaban las mochas.

…los cités, los conventillos, las chicherías, por ejemplo, por Ecuador pa’ bajo, empezando por Pancho Cauceo, la pensión Maipú, la señora Trini, las Condenadas, las Peñascazo, la Gancha, la Zoila Culebra, el loco Alfredo… esto era cuando corría el carrito a caballo desde la punta del diamante hasta la calle Amengual.

Las Peñascazo eran unas mujeres que tenían una picá, a otras les decían las Condenadas, la Zoila Culebra, eran otras señoras que también tenían una picá. Llegaban mujeres, que les gusta la sandunga por ahí, eran picás de la araña. No, esas eran las verdaderas picás: un negocio.

Pero la “picá” también es la mujer que no es del ambiente, pero que toca la guitarra y le hace al ambiente, sin nombre de prostituta o qué sé yo, son picá’ y agarran su lachito y qué sé yo, y cuando no llega uno llega otro y por eso era peligroso porque a veces se juntaba el uno y el otro y ahí es donde se formaban las mochas.

Por eso que la cueca se ponía tan peligrosa… y no había otra cosa más que cueca, si no había otra música, si cuando mucho las señoras que cantaban tonadas…

No ve que por lo general Ud. iba y se tomaba una “guagua”, entonces el otro toma pisco y llega otro y va a tomar otra cosa, entonces había pa’ distintas categorías. Tenían un salón acá y otro allá.

Las casas de remolienda Las casas de remolienda siempre trabajaron sin patente… la gente que podía entrar, entraba, y cuando venía la sanidad… no había ninguna cosa. Allá donde la Carlina era de esas casas altas, antiguas, y tenía un forado arriba, y tenían una escalera dividida en dos, enchufaban la una en la otra. Ahí se metían los menores de edad, cuando venía la sanidad. Yo un día me metí ahí, porque era menor de edad. Aunque representaba más.

 

Se quedaba el pianista floreando ahí, los que eran mayor de edad se quedaban haciéndose los lesos. Ese era el modo de trabajar de casi todas las casas. Bueno, como le digo …estábamos hablando de la Carlina? De ahí (calle Maipú) se fue pa’ allá (Av. Vivaceta) y le siguieron los cuequeros, fueron todos pa’ allá, pero de a poco le agarró el ballet y parece que le iba muy bien con el ballet, entonces dejó los cuequeros a un lado, los cuequeros estaban enojados porque dónde iban a cantar ellos y más que la cueca se iba terminando porque prácticamente, dígame ud., ahora ni pa’ los dieciocho… se va terminando, terminando la cueca, y la gente está metida en la cuestión extranjera y … mire, yo no es que sea tan regodión pa’ la música, es que no me gusta no entender los versos… y como estábamos hablando de la Carlina, la Carlina fue muy famosa, si la Carlina era encachá y la Carlina ponía fondas en el parque, le ponía: Fonda La japonesa y después le creció el pelo acá, se puso bacana, dejó la cueca a un lado, sacó a los cuequeros. Fíjese que la Carlina aquí arriba le creció más el pelo, pero allá abajo …. en Maipú, en el 19.

El 19 y el 20 (de la calle Maipú) eran la Ñaña y la Carlina.

… tenía el marido, el finado Cholo… cantaba tango muy bonito. Porque lo que reinó en las “casas” fue el tango y la cueca.

Éste se cantaba Alma de Bohemio y sentao’. No ve que cuesta más cantar sentao’, se mandaba unos tangos. ¡Puta! si llegaban unos cantorazos, adonde “la crespa” (la Carlina), eran famosos los tangos… Bueno, pasando a la Carlina, como le digo, la Carlina bailaba muy lindo la cueca y la Ñaña también. La Carlina era gordita así, pero era buenamoza y la China, la sobrina que tenía también era bien encacha. La Carlina se casó con Juan Varner y después la China le llevó a Juan Varner. Pusieron un hotel, fue el primer hotel que hubo con televisión, aquí en Rosas con Cumming. Mire, yo creo que la Carlina tiene que haber tenido un par de años, unos tres años más que yo. La Carlina murió en Costa Azul.

La señora Mirta, que vivía cerca de mi casa me dijo que la Carlina tenía una casa en Costa Azul, con segundo piso. Y después el ñato Colchagua, que trabajaba en la feria de animales. Oye, me dijo, fíjate que vi a la Carlina ahí en Costa Azul, me dijo, estaba en un balcón y me dijo: ÁColchagua!, y ten’a mozo.

Yo la conocí mucho (a la Carlina). Después anduvo con el Trip’epollo … un día me llamó la Carlina pa’ dentro. Le hab’a regalado una tremenda radio, con micrófonos pa’ grabar y todo eso. El Trip’epollo era un hombre que trabajaba con carretón de mano y después en el gas. Don Patricio, que le dec’an el Pato, le dió la entrada y le vendió el carbón molido, asi como se usaba: la escoria. Era muy revendible, ¡ah, cómo sal’an las camionadas! Entonces con eso se fue pa’ arriba y después era hacendado. Y yo lo conocí pobre. Un día yo fui a la casa de él a un santo que me convidó el viejo Santa Mar’a, un viejo como de noventa años. Como poca bola me dió, y a mí no me gusta, por mucha plata que tenga, a mí no me gusta arrodillarlme ante nadie. Tenía una hilera de parrillas, bien cachimba la cosa, a lo millonario así, porque era hacendado, pero a mí nunca me ha gustado estar chupando medias.

Después un día me invitó a un asado el viejo Santa María. “¡Sale con tu compadre! se le fueron los humos a la cabeza” le dije yo. Porque, ten’a plata.

Nano Núñez y Perico Chilenero (guitarra)

El ritmo: Se nace con eso, igual que los que son arítmicos también. Yo tengo un amigo por ahí, baila una cueca y va detrás de la cueca, va arriándola, va detrás, y va alargando la cueca también.

Y otra cosa, fíjese la ignorancia de la gente, salen a cantar: “¡sáquense los guantes!” y empiezan todos: cuá-cuá, cuá-cuá, se ha fijado eso, entonces no dejan, ellos mismos no dejan oir.

Y uno se pone a tañar al lado mío y le digo que mejor no tañe na’ , que va medio atravesao’. Chuta, y parte el gallo, le gusta ponerse allí, entiende, a huevear ahí. Si no saben. El otro día estábamos donde el Pollito y llegó uno ahí, que le hace re’ poco, y yo no le podía decir que no se metiera na’ tanto. Entonces, el ritmo …pero la forma de sacar y tocar lo levanta a uno. Porque pueden haber 100 músicos, pero si no tienen de esto (corazón), no pasa na’.

El pandero: Cuando yo tenía como unos veinte años, ya los gallos tocaban panderos, pero antes, por lo general, sólo las mujeres.

El primer pandero que tuve lo tocaba en la casa, pero puta que me gustaban los panderos… Después me hice un pandero y le puse terciado, pero me acostumbré y entonces los gallos me decían si podía tocar el pandero, ¡ah, noooo! les decía yo, no me atrevía. Ese fue el primer pandero que tuve. Estaba cabro chico. No, si yo de cabro estuve metido en cueca. Aquí en la Pila hay un cabro que se llamaba Rolando Heredia, con él hice una gira pa’ las Miss Radio. Andaba por la costa… y ahí no me animaba a meterme con los cantores, es que eran muy en cuello pa’ cantar. Entonces, me costó. Y uno trata, trata, hasta que se mete, si no es llegar y meterse, aquí ha habido muchos que se asustan con los cantores en cuello.

Fondas en la Estación: Como le digo, en la Estación cerraban por ahí por Manuel Montt, que ahora se llama Salvador San Juan , y por Exposición, y por la otra calle que creo que es Sazié . Cerraban las tres partes y hacían una fonda adentro de la Estación. Cada dueño de bodega ponía su corazón ahí, arreglaba. Bueno, yo nunca pagué, porque yo era cantor, pero cobraban, y había asados, de todo, vino, trago, cueca, y siempre apianadas. Porque traían su buen piano y habían buenos cantores ahí, así como Humberto Campos, Enrique Tapia, Pancho el Bacán, que cantaba con Enrique. Y as’, hab’an muchos cantores como el Mesías, el Baucha, el Perico… se juntaban cantorazos, el chute Mandiola, otro cantorazo también, que murió…

La carrera de carretones de mano, yo creo que no se ha hecho en ninguna otra parte. Partían de la Vega y atravesaban todo Santiago. Pesadito era, creo que eran 100, 120 kilos, no sé cuántos kilos eran los que ponían arriba. El premio era un carretón de mano nuevo, un terno y la primera cueca pa’ bailarla con la reina.

No se admitió nunca las cuecas con garabatos, el respeto único, la métrica también, su contenido, no hacer versos porque rimen no más, tenían que tener su contenido. Los garabatos a un lado, la paraban con un aro y empezaban con otra, eso es lo que se respetó en la cueca, ahora no, sacan cualquier cueca, como que no hay ingenio, no hay amor tampoco.

Una persona me dijo un día -Áignorancia!-, que esa parte, cuando un cantor era ani–ado no le gustaba. Cuando aquí las mismas verduras, nadie las grita normal, sino transformando la voz. Entonces, entraba eso en la cueca, lo aniña’o, es aniñá’ la cueca. La cueca se enrosca como una culebra. La gente no entiende eso, esas cosas no les gusta, entonces, ahora la han purificado, le han sacado la raíz, la esencia, la fragancia que tiene la cueca.

La cueca tiene cosas difíciles como melodías, pillerías. No ve que ahora hay cuequeros que se suben por cantar no más, y no les importa na’ repetir diez veces una misma cueca. No hay amor…

Aquí la bohemia fue tango y cueca, el monopolio. Por ejemplo, en Los Callejones hab’a flor de tangueros, y cuequeros tambiŽn. Nombradas casas, nombrados cuequeros, porque el tango son dos o tres músicos. Tocaban bonito, el mismo Buenos Aires era una milonga, ése que queda en la calle San Diego, iban puros choros casi a bailar ahí. Y ahí tocaban bonito, pocos músicos pero tocaban bonito. Entonces el tango, la milonga…, que si aquí hubo “misa del tango”, tango en la ma–ana, entiende. Pero ¿quién llegaba a la misa del tango? las copetineras, los patincitos, los mozos, el colgao que se queda por ahí, esa gente era la que llegaba, garzones, m‡s bien dicho a tomar la del estribo y no bailaban, casi todos con la caña, con sueño o cuestiones así. Hubo misa del tango y mire lo que era: misa del tango, tango en la mañana. No me acuerdo en que otra parte había. Pero no fui nunca yo, porque ¿quién iba a bailar en la ma–ana? En Valparaíso no sé si hubo misa del tango. No, en el puerto yo conocí centros de baile como el Turín, El Pato Loco, todas esas cosas, Los Baños del Parque y cuestiones. Se ha ido mucho, y fueron muy famosos. Porque cuando salieron después estas cuestiones, el Buggy Buggy, me acuerdo el rucio Mario, del puerto, ese era el rey de ese baile.

El Cachevaina era un hombre medio afutrado, plata no tenía, pero era habiloso, era grupiere de un tal Zúñiga que tenía un restaurante por ahí por Bandera. Era grupiere, era pillo de peleas de gallo, era “comprador de oro”. Comprador de oro se les llamaba a los que iban al Caupolicán y compraban a los boxeadores, entiende… El Cachevaina era muy habiloso, era bueno pa’ los combos y era bueno pa’ pelear a puñaladas. Y otra cosa, que no tenía cortes (cicatrices). Fíjese que un día, dos se envolaron por ahí: “ÁQué aniñan tanto al Cachevaina! lo vamos a ir a buscar pa’ pelear con él”. Salieron, lo fueron a buscar. Llegaron, golpearon. Salió la señora.

-ÀNo está el caballero? Manuel Marchant se llamaba.

-Si. Oye, te buscan ahí.

-Hola, poh, venimo’ a buscahte, porque nos han dicho que soih muy bueno pa’ pelear, que aquí, que allá… querimo’ pelear con voh.

Dijo: ” ¿pero, y qué les hago yo?”

-Naah, pero… Àbueno, y que no soih capaz, soih cobarde..?

-ÁNooo poh!, les dijo. Anda, le dijo a la iñora, tráeme la herramienta.Y salió pa’juera.

– ÀCual va a ser el primero? dijo. ÀCual? ligerito y… ÁYaaa!

El otro era más diablo, parece que levantaba las patas y le pegaba en las manos. Le pas— la cuchilla por abajo, le cortó los tendones, lo dejó inválido. Así le pasó la cuchilla. Si era muy vivo.

Las ruedas de cuequeros …no era llegar y ponerse. Entonces, por eso el pueblo aprendía a cantar, aprendía a bailar, entiende … antes a la gente le gustaba más oir cantar que bailar. Y cuando uno bailaba, tenía que ser don bailarín, porque o sinó no le daban ni bola, ni lo miraban, tenían que ser cosa seria pa’ bailar cueca, pa’ que le dieran bola. Los mismos cabritillos, cabrones, cuando iban al parque, donde habían cantores de “casucha”, se ponían en un rincón, ahí estaban en la gloria, oyendo a los cantores, parando la oreja y mandándoles trago. Nosotros, por ejemplo, yo, el Perico, todos esos, llenábamos, de antemano sabían que tenían lleno.

EL LANZAMIENTO TUVO LUGAR EN LA SALA SCD. SANTA FILOMENA

El texto, fue editado con apoyo del Fondart y lanzado el lunes 25 de julio en la Sala SCD de Santa Filomena 110 a las 19 horas, con la participación de destacados especialistas y un gran cuequeo comandado por el grupo “Los Trukeros”. 

En el texto, el integrante y líder de Los Chileneros, paradigma de la cueca urbana, relata en cuartetas sus experiencias acumuladas en sus 91 años de vida (cumplidos el pasado 4 de julio) y más de 70 como artista popular, con historias del mundo de la cueca brava y de la bohemia de Santiago y Valparaíso. 

El libro cuenta además con un disco compacto, donde el mismo “Nano” describe sus vivencias con el acompañamiento del conjunto “Los Trukeros”, uno de los más sobresalientes cultores del renovado movimiento de la Cueca Urbana. 

El lanzamiento contó con la presentación del musicólogo Rodrigo Torres, editor del trabajo, del académico y profundo conocedor del arte popular chileno Fidel Sepúlveda y, por cierto, del propio Hernán Núñez, quien relató algunos de sus versos. 

Para el remate, Los Trukeros comandaron el gran cuecazo colectivo, con el que las nuevas generaciones testimoniarán su admiración y gratitud por esta legendaria figura del arte popular chileno. 

Prolífico compositor popular, Hernán Núñez ha creado un repertorio de más de 200 cuecas que constituyen un verdadero modelo de referencia de la cueca urbana. De ellas, más de 130 están grabadas e incorporadas al repertorio de prestigiosos intérpretes y conjuntos de la música tradicional chilena. 

Como intérprete ha venido realizado por más de 70 años una permanente actividad como cantor y tañador de cuecas en todos los circuitos: desde las picadas y boliches de los barrios bravos de Santiago y Valparaíso hasta los escenarios del Festival de Viña del Mar y el Festival del Huaso de Olmué, entre muchos otros. 

Dentro de la larga lista de reconocimientos cosechados en setenta años de carrera, destaca su designación como “Figura fundamental de la música chilena” por parte de la SCD en 2000, y la reciente entrega de la primera versión del premio “Samuel Claro Valdés”, instaurado por la Corporación del Patrimonio Cultural de Chile y la Pontificia Universidad Católica de Chile para destacar a los más relevantes cultores del género.

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