Las Lulú de Pancho Gancho

Con apellido de puerto y con nombre de mujer

LulusdePancho_Entrevista

Se llaman Lorena, Judith, Tamara, Natalia y Valeria, pero todas juntas son Lulú: Las Lulú de Pancho Gancho llevan siete años tocando por Chile, con las cuecas inmortales del repertorio porteño sumadas a sus composiciones propias. «Siguiendo la senda de los taitas de Valpo», como dice aquí su directora.

Por David Ponce

Todas enamoradas de Valparaíso, profesoras, cuequeras y mujeres. Son varias las condiciones que comparten las integrantes de este quinteto nacido porteño que ya suma siete años de recorrido por escenarios tanto del puerto como de la capital y diversas ciudades por el norte y por el sur. Se llaman Lorena, Judith, Tamara, Natalia y Valeria, pero un solo nombre basta para convocar a todas juntas: Lulú. De nombre completo Las Lulú de Pancho Gancho

El grupo se inició en 2006 en la Universidad de Playa Ancha, con sede en la Facultad de Artes y con integrantes de diversas generaciones que se formaron ahí como profesoras, mientras en paralelo daban forma al conjunto en escenarios de peñas de la misma universidad: Lorena Huenchuñir (voz, acordeón y dirección), su hermana Judith Huenchuñir (voz y guitarra), Tamara Zúñiga (voz y teclado), Natalia Piñones (voz y bajo) y Valeria Torres (voz y batería).

—Estudiábamos y nos formamos ahí, somos todas profesoras de música —explica Lorena, la acordeonista y directora—. Generalmente a la carrera de música no entran muchas mujeres, y a todas nos gustaba la música folclórica, así que formamos el grupo de música latinoamericana de la universidad. Y después de eso nos conformamos como grupo independiente.

—¿La cueca estuvo desde el comienzo en el repertorio?
—Desde el comienzo eran cuecas, porque la base del grupo éramos mi hermana (Judith, la guitarrista) y yo, que nos formamos en un ambiente familiar ya relacionado con la música folclórica y en especial con la cueca. Las dos iniciamos este cuento porque vimos que había chiquillas muy buenas intérpretes en sus instrumentos. Fue cosa de juntarse, atar los cabos sueltos y a crear. No sólo empezamos a tocar temas de autores conocidos de la cueca, sino a crear, al tiro, de las primeras. Ya sabíamos a lo que íbamos.

 Una mujer al acordeón y una baterista a patita pelá

Con esos antecedentes Las Lulú de Pancho Gancho debutaron en el disco con Negrito caliente (2009), editado por el sello santiaguino Manimal. «Teníamos toda la influencia del folclor, y más encima del puerto», explica Lorena, a propósito del cancionero de cuecas célebres del puerto que el conjunto tiene incorporado en su repertorio, con títulos como «Puerto de Valparaíso», «Juanito Orrego», «Estando en Viña del Mar», «La flor de la verbena» y otras.

—¿Cómo se instalan las cuecas originales del grupo en ese repertorio?
—Está la emblemática que es nuestro hit: «Negrito caliente» —sonríe—. Ésa es relacionada con la cueca porteña. Y hay otra que es romántica, «Sufro con sólo mirarte». Y hay más picaronas: «Mi amor era bi», que es la historia de una chica que descubre que el gran amor de su vida chutea pa’l otro lado.

Ya en 2007, a un año de formado, el grupo estaba tocando en los Carnavales Culturales de Valparaíso, a los que regresaron en 2008 y 2010; así como en la santiaguina Cumbre Guachaca y en el encuentro anual «Abril cuecas mil» celebrado en San Bernardo, donde también han vuelto en 2010 y 2011 y 2013. En su natal Valparaíso han actuado para el Consejo Nacional de la Cultura y las Artes (2009), el encuentro «Cuecas por Valparaíso» a raíz del terremoto de 2010 y han sido conjunto estable en paralelo en los escenarios de El Rincón de las Guitarras y La Piedra Feliz en 2010 y 2011.

De acuerdo con la misma bitácora de las Lulú, otras locaciones suyas en estos años han sido un Primer Festival del Cantar Porteño y un Festival de El Quisco, junto a una Fiesta de la Trilla en Limache y otra Fiesta del Caldillo y la Cazuela en Curicó (todo en 2008), sumados a visitas a Puchuncaví y Catemu (2009), Olmué, Osorno y Angol (2010), Chimbarongo y Valdivia (2012) y Calama (2012 y 2013). Y en Santiago han actuado en el restaurant La Habana (2008), La Cúpula del Parque O’Higgins (2008), la Casa de la Cueca (2008 y 2009), La Chimenea (2010), el Club Matadero (2011) y el Bar Victoria (2012).

—¿Cómo ha evolucionado la actuación del grupo en vivo en este tiempo?
—El grupo fue muy llamativo desde el principio porque somos puras mujeres, siempre nos vestimos muy elegantes, con falditas, una puesta en escena bastante llamativa. Hemos mantenido el hecho de que una mujer toque el acordeón o que la baterista que toca a patita pelá, son cositas que llaman mucho la atención. Tuvo un buen enganche y desde el comienzo nos llamaron desde distintos lugares. El Departamento de Extensión del Consejo de la Cultura nos llevó a mostrarnos en la Quinta Región y así hemos actuado en todo Chile: Curicó, Talca, Rancagua, Chimbarongo, Concepción, Angol y el norte, La Serena, Copiapó, Antofagasta y Calama.

Más musical, menos nasal: estilo porteño de la cueca

Bien al tanto de la historia de la canción popular porteña y en particular de la cueca en Valparaíso, Las Lulú de Pancho Gancho conocen desde sus inicios a referentes de esos escenarios como o el versátil Jorge Montiel, cantor porteño que interpreta de tango a cueca, o la cantante Lucy Briceño, reputada integrante de conjuntos Los Paleteados del Puerto originales y La Isla de la Fantasía, entre otras figuras.

—¿Siempre tuvieron presente esa escuela?
—Por supuesto, imagínate, cuando empezamos ya veníamos de un quehacer con ellos, con Jorge Montiel, la tía Lucy Briceño, con (César) Olivares, con Juan Pou (estos dos últimos guitarristas de La Isla de la Fantasía). Juan Pou nos enseñó el rasgueo de la cueca porteña, distinto a la cueca campesina, que es más chicoteaíta, y a la cueca la chilota, que es más rápida.

—¿Cuál es la diferencia?
—Esto tiene otro son, un poquito más… no lento, pero con un swing distinto. Los santiaguinos tienen la escuela de la cueca brava que se cantaba en el Matadero, en La Vega, y acá no, nosotros tenemos la parte de las quintas (de recreo), de las casas de niñas, de los restaurantes nocturnos, donde el canto era más musical, más coloreado, menos nasal, más de cantante. Y donde los instrumentos llegaban más fácil, el piano, la batería, el acordeón.

—¿Cómo se dio la opción de grabar el disco en Santiago?
—Fue una autogestión y tuvimos la suerte de conocer a Óscar Arriagada (experimentado guitarrista y productor iniciado en conjuntos y giras en los años ’60), que nos contactó. A él le gustó harto lo que hacíamos y trabajaba en ese sello, en el que graban Tito Fernández, Palmenia Pizarro, Germán Casas y Jorge Yáñez, y nos motivó. En el disco no quisimos poner solamente cosas de nosotras, entonces es una mezcla de cuecas conocidas y nuestras.

Las Lulú de Pancho Gancho han compartido además los escenarios cuequeros de la región de Valparaíso con más conjuntos como Savia Porteña (2003), Los Sementales de Playa Ancha (2004), Marparaíso, Las Joyas del Pacífico y Los Dueños del Barón, con los que también hay lazos estrechos, explica la directora del grupo.

—Los Sementales de Playa Ancha fueron grandes motivadores para que formáramos el grupo, y también hemos tocado con Savia Porteña, con Marparaíso, que son de Villa Alemana y son más fusión, con Las Joyas del Pacífico, de Quilpué, o Los Dueños del Barón. Con muchos de ellos estamos todos los fines de semana juntos porque tocamos en el mismo local, El Rincón de las Guitarras, en el entre comillas escenario juvenil, más que nada siguiendo la senda de los taitas de Valpo —concluye Lorena. Aunque entre todos ellos hay una cosa que distingue a las Lulú—. No aceptamos hombres, porque perderíamos la esencia.

 

 

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1 Comment

  1. madelaine Julio 16, 2013 at 4:24 am

    Saludos a tan lindas chiquillas….gracias por sus cuecas y simpatía

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