Fernando Allende, pintor

«La cueca es una pasión que tienen todos los chilenos»

Fernando Allende_entrevista
Si Miguel Ángel pintó ángeles en la Capilla Sixtina, este artista chileno se encaramó a un andamio para pintar el mural del célebre restaurante cuequero El Huaso Enrique en Santiago. Y también hay ángeles en juego: una obra suya se ve en la carátula del disco El ángel de la cueca (2007), del cantor Mario Rojas. Así habla -y pinta- Fernando Allende, testigo y retratista de la cueca.
Por David Ponce

El arte de Fernando Allende está en la retina de muchos de los seguidores que ha ganado la cueca en los últimos seis años en Chile, incluso más allá de si ellos estén o no al tanto de su nombre. Todos los parroquianos que por ejemplo llegan a bailar, a comer o a escuchar en el restaurante El Huaso Enrique, constante sede cuequera en Santiago, estarán familiarizados con el mural que da vida a una de las paredes del lugar. Quienes hayan visto el más reciente disco del cantor y compositor Mario Rojas, El ángel de la cueca (2007), recordarán a su vez el arte de esa carátula. Y un segundo mural, más reciente, ya se puede ver en La Chimenea, otro de los escenarios céntricos para la música en la capital.

Todos esos son trazos y colores de Fernando Allende Bellido, pintor, grabador, licenciado en artes plásticas de la Universidad de Chile y también testigo y retratista del espacio que ha obtenido la cueca entre las nuevas generaciones locales. Fue en 2006 cuando inauguró su exposición de obras de inspiración cuequera, formada por treinta y dos dibujos y seis pinturas en acrílico sobre papel, y presentada en la galería Alta Forma, del barrio capitalino Italia. En el mismo año pintó el mural de El Huaso Enrique, y parte de uno de los dibujos de esa muestra quedó para la posteridad un año más tarde, en la carátula del citado disco El ángel de la cueca, en el que Mario Rojas comparte con músicos tan variados como la cantante Claudia Acuña, el trompetista Cristián Cuturrufo, el payador Manuel Sánchez y parte de la banda rockera Chancho en Piedra.

—Escuché muchas letras de ese disco, estuve en ensayos, vi cómo Mario (Rojas) arreglaba las canciones y me mostraba algunas -recuerda a propósito de ese proceso Francisco Allende, que conoce a Rojas desde los años ’80-. Viví intensamente todo eso: el Huaso Enrique, el disco del Mario y la exposición. Ya estaba metido en la cueca. Estuve como un mes y medio pintando ese mural todos los días, estaba en su peak el Huaso Enrique, lleno de minas ricas, iban todas las minas cuicas a bailar, los actores, la gente de la tele. Tremenda onda.

—No sólo ibas a trabajar al Huaso Enrique entonces.
—Claro, porque uno tiene que relajarse. Obvio. Si no cómo. Si no, estai mintiendo, pues, compadre (se ríe). Uno tiene que vivir la cosa.

Fernando Allende y Mario Rojas había compartido espacio ya en 1986 en los Talleres 619, de la calle Monjitas del capital, tras el regreso del músico desde Australia y Nicaragua, países donde vivió durante parte de la dictadura. Rojas dirigía esos talleres y Allende fue uno de los profesores. Y se reencontraron luego en el equipo de la revista de cómic Trauko, como guionista y dibujante respectivamente.

Tras un alejamiento de algunos años, volvieron a aproximarse hacia 2005, a partir de una invitación que Rojas hizo a Allende a participar en una emisión del programa que el cantante tenía junto al músico Marcelo Nilo, del dúo Schwenke & Nilo, en la Radio de la Universidad de Santiago.

—Y después nos fuimos todos al Huaso Enrique —recuerda Allende—. Y Mario me empezó a contar la historia, me habló mucho de Fernando González Marabolí (el erudito cuequero e investigador cuyas enseñanzas fueron recogidas en el libro Chilena o cueca tradicional, publicado en 1994 por el musicólogo Samuel Claro Valdés y un equipo de coautores). Y me prestó el libro y ahí simplemente me aluciné. Además de que la cueca tiene que ver con la fiesta, el baile… está ideal para mí. Lo primero que hice fue ir al Huaso Enrique con un block, acuarela, y tomé apuntes, algunas notas de color.

—¿A la hora en que ya había fiesta, en la noche?
—Claro, para ver las poses de la cueca, el movimiento, la atmósfera, y de ahí me largué a pintar. Tuve la exposición, y en una de las noches en el Huaso Enrique apareció la idea de pintar un mural -agrega. Y Allende recuerda cuál fue el trato con el dueño del establecimiento. «Le dije: ‘Me compras los materiales y me das comida y copete y te pinto el mural». Compramos esmalte al agua, otro compadre de la cueca se consiguió un andamio y empezamos.

—Con andamio, a lo Capilla Sixtina.
—Exactamente. Y ahí estuve un mes y medio, hueviando noche y día. La rutina era lunes a viernes, y sábado y domingo descanso del personal. En ese mural hay gente real. Está el Aladín (Reyes, el pianista que acompaña entre otros al cantor popular Luis Hernán Araneda, más conocido como el Baucha). Y me inspiré en el lugar para hacerlo, como si fuera un espejo. Además en el cuadro hay un espejo que refleja lo que está al frente. Le gané a Velásquez (risas). La tercera dimensión. En ese tiempo aprendí a bailar cueca también.

—¿Antes de eso cómo era tu relación con la cueca?
—Cuando volví a ver cómo la gente bailaba tuve un sentimiento muy parecido al de la niñez, a de los Dieciochos, cuando me acuerdo de que todo era fiesta. Sentí esa misma pasión, que es una pasión que tienen todos los chilenos. Tú desde chico escuchaste también cueca, te gustara o no te gustara, y de alguna manera eso se internaliza, pum, se queda en un lugarcito.

—¿Cuáles son tus cuecas favoritas?
—Son muchas. “La carta que me escribiste” (“La carta”, de Efraín Navarro), o “Dicen que Viña del Mar” (de Hernán Núñez Oyarce, cantor y uno de los fundadores del conjunto histórico Los Chileneros)… Nano Núñez era un literario increíble, y la tremenda producción que hizo.

—Todo esto fue el 2006 para ti. ¿Cómo sigue tu relación con la cueca hasta ahora?
—Por supuesto que, como en todo, llegué a un punto intensísimo y después vino un bajón, me alejé de la cueca, porque incluso (los grupos nuevos) imitaban las voces de los cuequeros antiguos, entonces…

—¿Eso no te gusta?
—A lo mejor soy un viejo mañoso, pero adonde iba escuchaba las mismas cuecas de todo el mes y medio que estuve en El Huaso Enrique. Excepto, lo que fue genial, lo del Mario Rojas. Porque ese disco (El ángel de la cueca) es justamente lo que quería escuchar: un avance, otra cosa, un reflejo de ahora. Si lo otro ya está hecho, y son preciosas las cuecas del Nano Núñez. Entonces regresé a las imágenes que estaba desarrollando antes, aunque siempre seguían pasando cosas con la cueca.

Nacido en 1952 y educado en la Facultad de Artes de la Universidad de Chile con maestros como el escritor Adolfo Couve y el músico Luis Advis, Fernando Allende ha hecho de los temas urbanos una marca en su trabajo. Es una trayectoria que se extiende ya por más de tres décadas y media desde sus primeras exposiciones colectivas, realizadas en 1975 y 1978. El camino continúa con la serie de muestras que compartió con otros artistas en los ’80 en espacios como la contracultural galería de arte de Enrico Bucci en 1986, y con algunas iniciativas propias de los más tempranos años ’90, como “Cuerpos pintados” (1991) y “Supermercart” (1992).

Pero la cueca no anda lejos, y va a ser parte de la exposición que presentará en el Museo Nacional de Bellas Artes a partir del 9 de agosto. “La cueca brava es la cueca urbana, y mis temas, desde antes de la cueca, han sido urbanos, paisajes de Santiago. Entonces ahora se unieron esas dos cosas. Hay un elemento urbano asumido y fuerte, y la atmósfera es otra”, explica. «Mario (Rojas) me hablaba siempre de buscar una imagen trascendente de la cueca. Y ahora que he vuelto a ella, es genial porque toda la parte formal, la gente bailando, los pañuelos, el ambiente, ya lo tengo solucionado. Tener esa estructura me permite jugar mucho más».

—¿Hay un paso cualitativo entre esa muestra de 2006 y la exposición de este año?
—Exactamente. Creo que ahora estoy preparado para dar una imagen más profunda o quizás más existencial de la cueca.

—¿Ésa es la trascendencia de la que estamos hablando?
—Eso es el ángel de la cueca.

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