El Parcito, conjunto

Administrador Noviembre 20, 2012 Entrevistas 3 Comentarios en El Parcito, conjunto

«La tradición camina lentamente, pero sin perder la esencia»


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Claudia Mena y Patricia Díaz partieron siendo un par de aprendizas de la cueca en 2008. Hoy El Parcito es un trío junto al guitarrista Marco Palma, y aquí arrojan luces sobre el disco que van a grabar en 2013 y sobre la influencia mayor que va quedar registrada en él: la maestra Margot Loyola.
Por David Ponce

No son más de veinte cuadras a pie las que se podían caminar desde el pasaje Naturalista Pavón, frente al Hogar de Cristo en la avenida General Velásquez, donde vivió en sus últimos años el cantor y cuequero Hernán Núñez Oyarce, y el Caballo de Palo, acá en calle Buzeta a pasos de Carlos Valdovinos en la capital. Y otras cuadras más separan a este lugar de la Estación Central para extender un mapa que incluye lugares neurálgicos del canto y la cueca en el Santiago del siglo pasado como el barrio Ecuador, el mercado de la estación llamado la Viseca y también el Caballo de Palo.

No era un Santiago con autopistas como la que ahora parte en dos este barrio de la comuna de Cerrillos, a pocos metros de aquí. Pero parte de esa época se vive entre las mesas, sillas y la cocina del Caballo de Palo, lugar de encuentro de cantores y músicos en esos tiempos que hoy es también un sitio donde llega a tocar y a cantar El Parcito, uno de los aventajados grupos nuevos de cueca y folclor chilenos. Patricia Díaz (voz y pandero) y Claudia Mena (voz y guitarra) vienen tocando juntas desde 2008 y publicaron su primer disco, El Parcito y sus cuecas con moño (2010), en la misma época en que conocieron este sitio, al punto que el Caballo de Palo es el lugar inmortalizado en las fotos del disco.

Para entonces ellas eran un dúo emergente en el circuito de la cueca. Hoy, cuando la alineación ha decantado en trío junto a Marco Palma (guitarra y voz), El Parcito ha celebrado aquí el lanzamiento de su primer disco, tres cumpleaños, diversas actuaciones y ahora están en la fase previa a registrar en una segunda grabación el nuevo repertorio que han aprendido en los últimos años, de la mano de la maestra del folclor chileno por definición que es Margot Loyola en persona. Una muestra: las dos actuaciones que montaron aquí en agosto y diciembre de 2012, con la inspiración de las casas de canto que funcionaron en el Santiago de la primera mitad del siglo veinte y que fueron retratadas por la maestra Loyola en uno de sus discos long play, justamente titulado Casa de canto (1966).

—Nos reciben como si fuéramos parte de esa casa y de esa familia. Antes íbamos más que ahora a cantar cuecas –recuerda Claudia Mena, a propósito de la llegada de El Parcito al Caballo de Palo, posibilitada por uno de los amigos de la Estación Central. «En la Estación andábamos a veces tocando con la Claudia, y llegó Pancho Palacios, que es un personaje de la Viseca, y nos llevó: “Quiero que vayan a tocar a ese lugar, esta picá es súper buena. Vamos ahora”, dijo, y lo seguimos”, agrega Patricia Díaz, la otra cantante del dúo. Y es de larga data la relación entre la música y don Juan y doña Gladys, los propietarios de este lugar atendido por sus propios dueños, según ella misma explica.

—El lugar tiene una historia ligada a la Estación, aunque no queda tan cerca. Yo sé que la señora Gladys tiene familia que trabajó harto tiempo en la Estación Central, y además de trabajar ahí también se ponían a canturrear, se relacionaban mucho, la cueca estaba muy presente en el barrio en ese tiempo, cuando ellos eran chicos, entonces tenían una relación cercana. Y aparte que ahí llegaban Los Chileneros —dice Patricia, a propósito del grupo integrado por el mencionado Hernán Núñez Oyarce, Luis Hernán Araneda, Raúl Lizama y Eduardo Mesías que grabó discos históricos como La cueca centrina (1967) y La cueca brava (1968), influencia profunda para la generación de jóvenes cuequeros surgida a fines de los años ’90.

—A las fiestas que se hacían en la Estación ellos (Los Chileneros) iban siempre, ahí se conocían y quizás Juanito (el dueño del Caballo de Palo) los invitaba a su casa y llegaban todos a cantar. Aparte que la cueca siempre le ha gustado a Juanito –agrega Claudia. “Ahora mantienen el Caballo de Palo con gente súper entusiasta por el folclor, que va en busca de encontrarse con eso”, agrega Patricia.

Lo lindo de Margot Loyola

No han faltado otros referentes directos en la vida de El Parcito. Claudia y Patricia se conocieron en 2008 como asistentes a los talleres de cueca que impartían en el centro cultural Balmaceda 1215 de la capital los cantores Mario Rojas, productor y realizador audiovisual, y Luis Castro González, actual director del duradero grupo Los Chinganeros. Y el repertorio de esas dos casas de canto organizadas en 2012 es una buena muestra de lo que este grupo está tocando desde 2011, bajo el influjo de Margot Loyola y de su compañero, el también folclorista Osvaldo Cádiz.

Ya no sólo cuecas como al inicio. «Nos juntamos y vimos todo el repertorio que nos hemos aprendido ahora último: tonadas, valses, refalosas, más cuecas», revisa Claudia. «Son cuecas que ya teníamos, que recibimos por Luis Castro y que nos interesa registrar, pero estamos enfatizando el tema de Margot Loyola, porque queremos sacar un disco que se trate de eso», adelanta Patricia, con canciones como la zamacueca “Un negrito muy fino”, de José Zapiola, que conocieron por una grabación de Las Hermanas Loyola, el dúo que Margot y su hermana Estela tuvieron entre 1938 y 1950.

—Lo enriquecedor del aprendizaje con Margot Loyola y Osvaldo Cádiz es que de parte de la señora Margot siempre está la anécdota, querer contar la historia –destaca Patricia–. No es que sólamente nos entrega su repertorio: ella se acuerda del día en que se lo entregaron, «fue en la tarde, estaba bajo un árbol, estaba bajo un parrón, conversamos de esto, después nos salió esta fiesta». Ella nos lleva a ese mundo, viajamos un poco en el tiempo, entonces cuando lo cantamos lo vamos incorporando un poco, vamos entendiendo la historia de una forma distinta a tomar un libro para leer y sacar una tonada. Nos cuenta anécdotas de las Hermanas Acuña, las Caracolito, de la Violeta (Parra) mucho. Son personajes muy grandes que estamos conociendo.

—¿Y cómo la conocieron ustedes a ella?
—Ha sido súper mágico eso. La Claudia llegó con una propuesta de que cantáramos tonadas. Nosotras tocábamos pura cueca…

—Y también por el libro de la tonada —agrega Claudia, a propósito del libro La tonada: testimonios para el futuro (2006), de Margot Loyola—, porque también busqué por ahí.

—Lo lindo fue que empezamos esta búsqueda de la tonada y justo nos encontramos con la Margot Loyola. Quién podía educarnos o enseñarnos mejor en el tema de la tonada.

Vino luego un encuentro fallido en el lanzamiento del siguiente libro de la maestra, junto a Osvaldo Cádiz, La cueca: danza de la vida y la muerte (2010), presentado en 2011 en el Centro Gabriela Mistral en Santiago. Fallido porque Margot Loyola no llegó al lanzamiento.

—Estábamos seguras de que ahí la íbamos a conocer, íbamos a conversar con ella. Y no fue. «No fue a nuestra cita», decíamos —recuerdan. Pero luego establecieron contacto vía mail. «Y nos respondió ella misma, que estaba muy feliz de recibirnos en su casa, que nos esperaba a la hora de once el día tanto y que llegáramos. Y nos estaba esperando en la puerta».

Fue en septiembre de 2011, días después del cumpleaños de Margot Loyola el 15 de ese mes, que El Parcito hizo esa primera visita. «Estábamos asustadas», cuentan ahora las dos, y recuerdan las preguntas que se hacían antes del encuentro: «Cómo nos atenderá, cómo le explicamos quiénes somos, para no equivocarnos y que no nos diga que no para siempre. Queríamos cantarle, nada más, y que nos escuchara».

Luego de ese encuentro inicial vinieron futuras sesiones periódicas a modo de taller con Loyola y Cádiz, y el grupo ha actuado además en presentaciones de Palomar, el conjunto de proyección folclórica que ambos dirigen, como la fiesta de San Juan o el más reciente cumpleaños de la folclorista. «Ella nos decía que las voces de nosotras estaban potentes. “Son chinganeras para cantar”» -recuerda Claudia-. Y aparte como somos dos le recuerda a todos los grupos antiguos que ella conoció, el que tenía con su hermana…».

—¿Qué les pareció que les encontrara «chinganeras» las voces? ¿Están familiarizadas con el término?
—Absolutamente —dice Patricia—. Las chinganas son más antiguas y creo que en ellas es más fuerte lo improvisado; me da la sensación de que en la casa de canto que se manejó más la Margot Loyola es más de medio pelo hacia arriba, como dice el Osvaldo (Cádiz), con salones grandes, casas que tenían piano. De todas maneras llegaban los mejores cantores a las dos, hay cosas del mismo repertorio que se cantaban en ambas.

—¿Naturalmente esta relación de Margot Loyola va a determinar el enfoque y el repertorio de El Parcito?
—Así va a ser, de hecho. Es importante para nosotros acompañarla en este momento de su vida. Son generaciones tan lejanas, y ella nos enseña, a tocar la guitarra, la refalosa, a levantar el brazo. Una maestra cien por ciento.

Cueca, polca y refalosa

Una señal concreta de ese nuevo rumbo será el segundo disco de El Parcito, que el grupo tiene previsto terminar en 2013. La línea editorial inicial consiste en un repertorio aprendido de intérpretes chilenas de los años ’30 a los ’50: un legado que incluye nombres como los de Las Hermanas Acuña o Las Caracolito; Las Hermanas Orellana y Petronila Orellana en particular; Derlinda Araya, Esther Martínez, Las Hermanas Loyola, Las Hermanas Parra; Las Morenitas, todavía vigentes, y otros nombres más de leyenda como el Trío Frufrú o las Pan de Huevo.

—El Trío Frufrú eran dos, con un hermano de ellas que tocaba. Eran las últimas que tenían casas de canto en Santiago, en la casa de Ismael Carter —recuerda Patricia, a propósito de la misma casa que sirvió de base a Margot Loyola para su LP del ’66—. Y las Pan de Huevo también son unas cantoras súper antiguas. La tonada que recibimos de ellas según Margot Loyola es de las más antiguas que ella encontró.

—¿De qué géneros musicales estamos hablando?
—Tonada yo creo que es la mayoría, pero hay cuecas también, refalosas y polcas.

Algunas de las canciones aprendidas por El Parcito de parte de la propia Margot Loyola son “El torito chileno”, “El engreído”, de Cristina Miranda con música de Loyola; “El caracolito”, de Las Hermanas Acuña, o el vals “El amor es un dúo”, de Petronila Orellana, quien es la reconocida autora de cuecas como “Chicha de Curacaví” y “Los lagos de Chile”

—Esa canción tiene una historia importante, porque Margot Loyola conoció a Las Hermanas Orellana en una presentación que ellas estaba dando, y la hermana de Petronila Orellana murió cantando la tonada “Como que me voy curando” en el escenario. Y de ahí Margot Loyola empezó a trabajar con Petronila, porque también ella se había separado de su hermana, de la Estela Loyola. Justo las dos sufrieron un cambio importante y se juntaron en un momento, aunque las Orellana eran más antiguas.

—¿Qué lugar tiene la cueca en este repertorio?
—La Margot Loyola tiene cuecas marineras o de estilos argentino o peruano que también queremos aprender —dice Claudia.

—Y es importante para nosotros darles una interpretación, una expresividad folclórica, por así decirlo, pero no pensando en los grupos folclóricos sino en una realidad quizás más popular, porque existe mucha estilización. Somos bien tradicionalistas. Tocar música en una sala va más allá de lo tradicional, pero queremos mantener la tradición. La gente de la tradición camina lentamente, pero sin perder la esencia.

—¿Ustedes buscan ese sonido antiguo?
—Sí, pero también están nuestras voces que, no sé, no somos señoras, no somos de antes, somos hoy día. Hay cosas que siguen sonando de lo antiguo pero hoy día, del 2012. Las guitarras también.

—Mucha gente nos ha dicho «Ustedes me recuerdan a los grupos antiguos que yo escuchaba en vinilo con mi abuelo, o cuando estaba en el campo y estaban las cantoras»—agrega Claudia.

—Pero ese sonido de dos guitarras y de dos voces, porque en las tonadas generalmente va una voz arriba y la otra abajo, es algo que también respetamos harto —agrega Marco Palma— y pensamos en cómo hacer para que suene bien, en la producción, para traspasar lo de las grabaciones antiguas. Para no perder y no enchuecarnos.

—¿Ése fue el cruce también del primer disco, o ahora están más claras en eso?
—También, en el primer disco era la idea de la cueca chinganera —recuerda Claudia.

—Nosotras aprendimos de Los Chinganeros, que son nuestro mayor referente —agrega Patricia.

—Tiene que ver con un asunto natural —concluye Marco—. Tampoco queremos lograr deliberadamente este sonido, sino que es por gusto, por sentido de pertenencia. A mí siempre me llamó la atención ese sonido. Entre escuchar una recopilación y escuchar a un  grupo folclórico, prefiero escuchar la versión grabada, que te acerca más, que tiene que ver con el origen.

Más información:

Ficha El Parcito en cuecachilena.cl
facebook.com/elparcito

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3 Comments

  1. pati Enero 16, 2013 at 4:37 am

    Cuando hablan de las cantoras CARNE HUEVO está mal… Es : Las Pan de Huevo.

    Agradeceriamos arreglar ese detalle.
    Muchisimas gracias por la entrevista.

    Pati

  2. Paula Enero 16, 2013 at 4:34 pm

    Me emociona hasta los pelos escuchar a El Parcito. Creo que lo que están haciendo es tan cuidado, tan genuino y potente, que pienso que estamos frente a un grupo que trascenderá.
    Felicidades a este dúo trío, larga vida a El Parcito!

  3. juan orellana Enero 18, 2013 at 7:57 pm

    Corrijo:

    “Los clavos y las espinas de Karadima”

    1.- Cueca: “Qué bonitos son tus ojos”.

    2.- Cueca: “Karadima”

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